La humanidad ha mantenido diversos tipos de formas en las que basa su vida y proyecta su futuro.
En un comienzo, las sociedades tribales eran matriarcales y en ellas reinaba la igualdad y armonía femenina, y estos fueron los cimientos de la interrelación entre las mujeres y los hombres hasta que la forma organizativa se vio invadida por la imposición guerrera y cazadora de los hombres y la matria sucumbió ante la fuerza del cambio para transformarse en una sociedad Patriarcal, en la que el la figura masculina era el centro del universo, delegando a la mujer a un estatus de mercancía y olvidando completamente el antiguo régimen.
A lo largo de la historia, múltiples han sido los registros de la literatura e historiografía que han dado cuenta de esto; mujeres que perdieron su vida al ser sorprendidas entre las aulas del saber, o por el simple hecho de saber leer o por decir sus pensamientos contra la autoridad y tiranía hegemónica del hombre, ya que esto era considerado un imposible y por lo tanto se debía sacrificar a las desadaptadas para mantener el monopolio de la información, y por lo tanto, del poder. Pero esto no sólo se puede encontrar en los libros y textos, sino que se puede evidenciar en el relato oral de millones de mujeres, y es más, en la simple observación de las formas y conductas sociales del mundo de nuestros días.
El machismo y la ignorancia han de ser eliminados y desplazados de nuestra sociedad, ya que producen la discriminación y el sexismo, junto con todas las conductas inducidas para que exista la alienación, las diferencias por géneros sin complementarnos y las formas corruptas de convivencias que provocan la explotación de algunos y algunas por sobre otras y otros. Desde la sala de clases, la educación debe trabajar por este cambio, cómo lo dice Martha Gutiérrez Álvarez (2006) “La educación formal es una de las herramientas fundamentales para reproducir o corregir las desigualdades, por ello el aula constituye el espacio donde se aprenden, perpetúan o transforman las relaciones sociales entre los hombres y las mujeres”.
Comprendemos entonces que la educación es una de las vías para acabar con la ignorancia, ya que según Emma Goldman (1893) “es el elemento más violento es la ignorancia”. En este sentido es labor de todos y todas trabajar por una educación que abra las sendas de la justicia y la igualdad social, sin bifurcaciones ni cercos que impidan el avance de la humanidad. Además nos indica que “Si el amor no sabe cómo dar y recibir sin restricciones, no es amor, sino una transacción que nunca deja de insistir en más o menos”. El amor es el pilar fundamental para superar cualquier tipo de barreras ya que es al entrega desinteresada de nosotros mismos para ayudar a los y las demás.
Cierro estas líneas citando nuevamente a Goldman, realizando un llamado a la reflexión ya que nos señala que “Cuando se socave la mentira patriótica, se despejará el camino de la gran estructura en donde todos y todas estarán unidos como una hermandad universal y una sociedad verdaderamente libre”.

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